La falsa sensibilidad: Una máscara de amabilidad, sencillez, positividad o sabiduría

Lo contrario de la sensibilidad no es la insensibilidad, sino la falsa sensibilidad.

Todas las personas nos movemos en un intervalo que va desde la insensibilidad hasta la alta sensibilidad. Se trata de aprender a gestionar ese grado de sensibilidad que tiene cada uno, en cada momento. Sin embargo, la falsa sensibilidad es diferente, no se puede gestionar más que reconociendo que es falsa y desterrando esa mentira de la propia vida.

El que trata de mostrarse empático, sensible, amigable pero es falso, necesita distorsionar la realidad y manipula el sentido de la sensibilidad, usándola para tratar de controlar a los demás en su propio interés o para mostrarse superior a los demás, por su gran sensibilidad.

Esta falsa sensibilidad está podrida, no se puede transformar. Lo único que se puede hacer es, reconocerla y sacarla de la propia forma de ser.

Desde la educación sensible se puede actúa con efectividad ante cualquier grado de sensibilidad, por muy insensible o extremadamente sensible que pueda ser, pero no puede hacer nada ante la falsa sensibilidad, salvo detectarla.

Lo contrario a la educación sensible es la deseducación sensible, y consiste en aprender a engañar con la sensibilidad, ya sea para usar a los demás en beneficio egocéntrico o para sentirse un humano más sensible, más «espiritual» que los demás, superior, a fin de cuentas.

Así, los grandes destructores de la educación sensible, no son los insensibles, sino los falsamente sensibles.

La educación sensible es eficaz ante las miserias humanas, las injusticias, los egoísmos, las vanidades, las debilidades y errores de todo tipo; todo puede ser transformado por la educación sensible, salvo una cosa: la mentira.

Quien vive de las apariencias, engañándose y engañando a los demás, nunca podrá aprovechar la educación sensible, porque todo lo que saque de ella, lo envenenará con la mentira egocéntrica de su falsa sensibilidad.

No digo que las personas con falsa sensibilidad no tengan sensibilidad, sino que la han puesto al servicio de su egocentrismo. 

En algún momento, posiblemente cuando eran muy niños, el desarrollo de su sensibilidad se desvío, y en lugar de convertirla en un medio para comprender a los demás, para saber cómo ayudarse unos a otros, se fue desarrollando una versión distorsionada de la sensibilidad centrada en el ego.

Ese poder para captar las necesidades de los demás, sus vulnerabilidades, etc., dejó de mover a la comprensión, a la compasión, a la solidaridad y sútilmente, se puso al servicio de un yo-controlador, que usará toda la información en beneficio egocéntrico, aunque con toda la apariencia de amabilidad, servicio y altruismo.

La deseducación sensible ayuda a la persona a engañarse a sí misma para pensar que se está desarrollando como persona sensible y empática, mientras fortalece un egocentrismo inmaduro

A partir de ese momento, la deseducación sensible ayuda a la persona a engañarse a sí misma para pensar que se está desarrollando como persona sensible y empática. Sin embargo, está fortaleciendo un egocentrismo inmaduro a través de todo tipo de detalles de servicio, amabilidad, aparente interés por los demás, que usa para su propio provecho. Cuantos más años se pasen en esta deseducación, más difícil será la resensibilización.

Cómo reconocer la falsa sensibilidad

Las personas con falsa sensibilidad pueden pintar su máscara de multitud de maneras atractivamente sensibles, e incluso con el arte del camaleón, por lo que no es sencillo dar una lista universal que sirva para todos, pero existen unos rasgos que podrían ser bastante frecuentes:

  • Invaden a los demás. Pueden parecer personas sencillas y próximas que se abren confiadamente a ti, pero en realidad invaden tu intimidad sin autorización. Anhelan el control y quieren saber los puntos débiles o vulnerabilidades de los demás, en apariencia para ayudar, pero en realidad para manipular. Como resultado, no es raro que invadan las conversaciones personales o privadas de los demás. A menudo lo harán bajo la apariencia de «ayudar». Una persona sensible, desde que siente la mínima invasión del otro, se retrae casi instintivamente.
  • Son propensos a la adulación. El modo de ganarse el aprecio de los demás es tocándoles en su vanidad y egocentrismo. Engatusan, ríen las gracias, aplauden, muestran admiración y aprovechan cualquier quiebra afectiva para colarse en la interioridad de los demás.
  • Utilizan a grupos espirituales, instituciones religiosas u organizaciones benéficas para su interés egocéntrico. Se presentan como personas «espirituales», «religiosas», «solidarias», que se preocupan por los demás, pero en realidad, utilizan a estas organizaciones para sus intereses egocéntricos. Tratan de mostrar un propósito de vida trascendente pero en realidad es totalmente egocéntrico.
  • Se aprecia un sentimiento de superioridad. La persona se sienten con un nivel de conciencia superior, se considera superior por sus conocimientos, por sus creencias, por su moralidad, por su astucia, por su experiencia, por su alta sensibilidad, por su intuición… Suele sentirse arropada por un «grupo espejo» donde unos se reflejan a otros, formando un pensamiento único que consideran superior al del común de los mortales. Este sentimiento de superioridad también se aprecia ante las personas que se le oponen, que no los ven con el supuesto amor, empatía y sensibilidad que se supondría, sino que son objeto de su desprecio y burla.
  • A todo le ponen precio. Puede suceder que se muestren como personas muy dadivosas, pero lo hacen como los bancos: te dan a un interés muy alto. Son incapaces de no pasar la factura.
  • Se niegan a reconocer sus errores. Siempre existen causas y motivos al margen de sí que justifican todas las pifias. Incluso cuando las evidencias son insuperables, el falsamente sensible puede continuar defendiendo sus acciones como correctas. Para ellos, lo importante no es el bien común, sino la propia imagen. Si la evidencia es irrefutable, lo reconocerán con aires de máxima humildad y sencillez pero tenderán a diluirlo: «es lo hace todo el mundo» o ideas semejantes.
  • Sensibilidad de doble rasero. Si una broma le beneficia es divertida, si le perjudica, es una grosería. Si un contrincante es corrupto es una vergüenza, pero si la sensibilidad falsa le lleva a trampear para ayudar a un amigo, es la más bella de las lealtades.

Comprender la falsa sensibilidad pero alejarse de ella

Uno puede mostrarse falsamente sensible, empático y amable por multitud de razones, pero todas ellas pasan por el egocentrismo que necesita proyectar una versión idealizada de sí mismo para escapar de su yo herido e inseguro. Pero esa máscara finalmente se desmorona. Nadie puede representar un papel para siempre. sobre todo, si te vez manipulado, si notas como vas quedando empegostado por una serie de tentáculos que no solo te afectan a ti, sino que van manipulando a tu círculo de relaciones. No te dejes atrapar por las migajas de amabilidad que te arrojan estas falsas personas sensibles y huye.

1 comentario en “La falsa sensibilidad: Una máscara de amabilidad, sencillez, positividad o sabiduría

  1. Me ha encantado este artículo. Muy interesante y educativo. Toca puntos que a todos nos afectan en mayor o menor medida pero ahi has dejado un espejo muy interesante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *